La Doctrina de Seguridad Nacional y su adopción en Latinoamérica

May 20
La Doctrina de Seguridad Nacional y su adopción en Latinoamérica
La guerra es la continuación
de la política por otros medios.
Carl von Clausewitz
La doctrina de seguridad nacional fue impulsada por los Estados Unidos de América en la segunda mitad del siglo XX, y adoptada por la mayoría de los países latinoamericanos, a pesar de que el discurso coercitivo norteamericano lastimaba la soberanía de la mayoría de los países que abarcan toda la región latinoamericana.
 
Esta doctrina se articulaba en un mayúsculo sentido de reprimir todo acto que estuviera ligado al comunismo en el contexto de la guerra fría, o bien, que impulsara la independencia por medio de conatos revolucionarios, como fue el caso de Cuba. Lo anterior a pesar de que su relación con la Unión Soviética fuera cercana en tanto las circunstancias, aunque no estrictamente por las ideologías.
 
La doctrina de seguridad nacional fue orquestada y adoptada por cada gobierno latinoamericano gracias a una serie de movimientos estratégicos norteamericanos, por ejemplo, la Escuela de las Américas: uno de los bastiones militares desde donde se adoctrinaba ideológica y entrenaba militarmente para acabar con cualquier movimiento social que “alterara” la paz nacional y americana, así como para acabar con todo tipo de revolución e insurgencia dentro de los regímenes dictatoriales y los sistemas represivos.
 
Así pues, la “contrarrevolución” tiene como base la consolidación de los ejércitos políticos, nacidos desde los inicios del siglo XX con la prusianización, es decir, la adopción de las estrategias y doctrinas de los ejércitos prusianos que llegaron a Chile en la primera década del siglo XX. Con ello, los ejércitos políticos fueron articulados para intervenir en las políticas nacionales y se concibió esta figura como la mejor opción para sobrellevar las crisis nacionales.
 
Después, estos ejércitos políticos serían apoyados por Estados Unidos para detener los movimientos de liberación nacional y descolonización de Latinoamérica. Esta fue una reconfiguración de las intervenciones norteamericanas, y es un punto claro para poner en duda su discurso democrático pues, mientras sostenía un fuerte control de las naciones del sur, condenaba el expansionismo soviético.
 
Los primeros golpes de estado, en Brasil 1964 y posteriormente en 1966 en Argentina, inauguraron nuevas características; ya no es el caudillo militar que representa al Estado, ahora son juntas militares, y así es como los gobiernos de éstas reformulan su estrategia a partir de las dictaduras de seguridad nacional. Otra nueva característica es que sucede en regiones mayormente industrializadas y homogéneas.
 
Joseph Comblin dice que en Brasil se recibió y adoptó con tal fuerza esta doctrina que terminó por transformarse en una doctrina propia del país sudamericano, sin por ello dejar de ser represiva en la misma medida que la norteamericana.
 
Comblin explica que la doctrina de la seguridad nacional se presenta como una síntesis total de todas las ciencias humanas, una síntesis dinámica capaz de proporcionar un programa completo de acción en todas las áreas de la vida social: una síntesis entre política, economía, ciencias psicosociales y estrategia militar.
 
En realidad, la doctrina de la seguridad nacional está ligada a dos disciplinas afines que conviene recordar. La primera es la geopolítica y, la segunda, la estrategia y particularmente la geoestrategia.
 
El primer elemento de la guerra total había sido detectado según Comblin y expresado por Ludendorf después de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la guerra total de Ludendorf lo era sólo en dos elementos: la guerra total como la que envolvía a todos los ciudadanos de la nación y todos los recursos materiales. En ella desaparecía la diferencia entre civiles y militares, como entre presupuesto civil y militar: todo debía estar reservado para la guerra.
 
Con la Segunda Guerra Mundial vino otro aspecto de totalidad: la guerra que envuelve a todos los pueblos y suprime la distinción entre países combatientes y países neutrales: el mundo entero está implicado en la guerra. Finalmente, la guerra revolucionaria mostró que la ésta incluye todos los aspectos de la existencia y la persona: “todo acto humano es una participación en la guerra”.
 
La guerra fría, por su cuenta, mostró que ya no hay diferencia entre tiempo de guerra y tiempo de paz. Por lo tanto, la guerra ya es la realidad permanente que ocupa la totalidad de la existencia de las naciones. Nada escapa a la guerra.
 
Dada esa evolución, los estados ya no pueden hacer las divisiones clásicas; no pueden separar lo civil de lo militar, porque todo es guerra y la política ya es estrategia. No se puede salvar un Estado si no existe una estrategia total. Esa estrategia es la política de seguridad nacional.
 
David Venegas
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